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2ª Etapa
28 de Abril del 2004

Cada día aprendo más con Manel. Hoy, aparte del trabajo diario de dar de comer, revisar caballos, etc, hemos ido a buscar potros salvajes que tienen que ser capados ( cortar los testículos para que no tengan el instinto de reproducir ) , está operación se realiza generalmente a los potros antes de cumplir los 2 años. Los potros están con dos yeguas reproductoras. La técnica consiste en coger la yegua más dócil, la cual va con un potrillo de semanas, y de esta forma los 12 potros nos seguirán hasta la hípica donde nos espera el veterinario. Yo he visto capar caballos, pero ¡12 en una tarde! Nunca, y además potros que jamás han sido tocados por la mano del hombre. Manel en segundos fabrica una cabeza con una curda de atar paja, coge la yegua más mansa y salimos corriendo delante “El Marqués” y yo vamos abriendo camino y sacando hilos de corriente para que pase Manel con la manada. En unos minutos tenemos toda la manada cercada en el redondo de la nueva hípica de Manel. Una fuerte lluvia nos acompaña en todo momento, estamos calados hasta los huesos, pero no nos importa, los tres disfrutamos.

Manel y “El Marqués” se van a comer, yo ya lo hice para así poder quedarme con la manada mientras llega el veterinario. La lluvia no cesa. Yo no pienso en nada, me dedico a observar la manada para determinar cuales van a ser los más difíciles de atrapar, mientras me pregunto qué táctica va a utilizar Manel para reducir a cada uno de los potros y llevarlos a cubierto para que el veterinario proceda a la extirpación de los testículos.

Yo mientras pongo en práctica mis pobres conocimientos de doma natural. Empiezo a mezclarme, a distancia y con sumo cuidado, con los potros. En cuanto empiezo esta operación dos de los potros, los dominantes, empiezan a luchar entre ellos, se levantan de manos y se muerden en el cuello. Me están demostrando quienes son, deduzco que estos dos son los que nos van a traer más problemas. Me fijo en los que se apartan enseguida por miedo, de esta lucha, son dos potros. Me dirijo al que parece más dócil, por su mirada, por su actitud frente a mí, empiezo acariciarlo y me aparto. Repito la operación varias veces. El potro acepta mis caricias y mi compañía. Recojo una de las cabezadas “made in Manel”, y suavemente le intento colocarla al potro. Este se resiste. Opto por no ponerla directamente, sino acariciarlo con la cuerda para que se acostumbre a ella. Acepta poco a poco la cuerda, en un descuido del potro le coloco la cabezada. ¡ lo he conseguido!, pero el proceso me ha llevado una hora, entiendo que para Manel esta no debe se la manera más rápida, práctica y rentable para atrapar a los 11 potros restantes. Pero mientras Manel y el Marqués comen, yo sigo con mi práctica, una vez más no tengo prisa. Estoy preocupado porque EL Marqués y Manel demoran mucho su vuelta. Parece raro pero no nos hemos intercambiado, y llevo 5 días ya con ellos, el número de móvil que es lo primero que se hace en una gran ciudad.

Voy a por mi segundo potro y ... frustración, ... solo verme entrar en el picadero redondo todos han observado lo que pasa. Muchas caricias pero luego quedas atrapado, así que huyen de mí dando vueltas a la pista. Alguno, de vez en cuando, se deja acariciar, pero al menor gesto se apartan. Entiendo que mi método no es viable. La lluvia cae con fuerza pero yo no la siento, toda mi mente y cuerpo está concentrada en los potros.

Llega Manel, me explica el motivo de su retraso, unos 30 caballos se han escapado de unos de los campos donde los tiene libres.

El veterinario también ha llegado, el potro atrapado por mi es trasladado, con problemas, no quiere dejar la manada, hasta la “clínica” que ha improvisado el veterinario en un lugar cubierto y con la máxima garantía de limpieza para proceder a capar.

Y la aventura sigue, hay que atrapar a 11 potros más. Manel prepara un palo fuerte y largo que ha cortado de un árbol. Manel es como Cocodrilo Dundee, no necesita de material prefabricado, él sólo se fabrica cualquier utensilio que necesita para trabajar con un caballo. Al extremo del palo coloca una cuerda fuerte con un lazo corredizo, de manera que así tiene espacio, todo el largo del palo, para acercarse al potro sin peligro de que le den una patada, y la cuerda preparada para deslizarla por el cuello del potro.

La lluvia cae sin cesar. Atrapar cada potro es un trabajo laborioso y peligroso. Manel, el Marqués y yo luchamos contra la meteorología, contra la fuerza natural de los potros. Pilar, como decía antes está también en todas partes se adjunta al equipo y ayuda al veterinario. Hacía las 19:30 horas se han capado ya 4 potros, pero la caza del quinto potro nos trae muchos problemas, es uno de los que me había demostrado su poderío a primera hora de la tarde. Conseguimos reducirlo, pero una vez fuera del picadero y gracias a su fuerza bruta, consigue deshacerse de nosotros y a galope tendido vuelve al campo donde por la mañana los habíamos cogido.

Manel llama a Pilar, la táctica es volver al campo, unos 2 Kms de la hípica, con la yegua y su potro, ya que Manel no consigue reducir el potro. Ato la yagua y corriendo voy hasta donde está Manel controlando los movimientos del potro. Mi mente no piensa en nada, la lluvia ya ni la percibo, desde que inicié esta aventura ha sido mi eterna compañera. Llego al punto de encuentro, Manel recoge la yegua y la enseña al potro escapado, este al momento se pone detrás de la misma, y Manel empieza a correr dirección una vez más, a la hípica. En los ultimaos metros son incapaz de seguirle, hay una fuerte subida y mis piernas ya no responden. El cansancio empieza a notarse. Desde que salí el 5 de abril del 2004 prácticamente no he tenido ningún descanso. Pero las emociones y sensaciones son cada vez más fuertes. La noche empieza a caer, decidimos reanudar el trabajo al día siguiente, aun hay que dar de comer y llevar caballos a diferentes campos.

Esta hípica es impresionante, Manel controla de cabeza y sin ayuda de ningún material informático o parecido, a ¡300 caballos ¡, y todos están sanos y bien alimentados. Manel revisa cada día como mínimo 3 veces todos los campos y de un vistazo sabe si están todos o no, y si alguno sufre alguna dolencia. Nunca había visto algo similar. Normalmente en un hípica de 50 caballos hay como mínimo 4 personas trabajando. Aquí fijos hay dos Manel y Claudine, el resto somos gente a horas, o de ayuda voluntaria. Manel vive y se desvive por todos los caballos. Me voy a dormir rendido pero con la sensación de que llevo tiempo viviendo con toda la gente que he conocido y esto es buena señal.

 
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