1ª Etapa
13 de Abril del 2004
Martes y trece, ni te cases, ni te embarques. No me caso, pero si me embarco. Después de estar todo el día 12 lloviendo a cántaros, el día 13 amanece con nieblas, pero con cielo bien claro. Emprendo ¡ por fin ¡ el salto al Ripollés, dirigiéndome a Beget. Para conseguir este objetivo lo primero es llegar a Oix ( Garrotxa) y desde allí paso al Ripollés llegando a Beget.
El tema carga ya es una rutina de mi día a día, y el tiempo que tengo que dedicar se va reduciendo.
Después de perderme por un par de senderos, también forma ya parte del día a día, encuentro una pista tranquila que me lleva directo a Oix, pero como no alguna dificultad había que encontrar, hay que atravesar un río. Tengo que desmontar. Una vez más Cimarrón y Lua me ayudan a arriar a Ottawa ( la mula ), que nunca mejor dicho es más tozuda que una mula. A mí el agua me llega casi hasta la cintura, el cauce baja fuerte pero no es peligroso, excepto las piedras que son bien resbaladizas. Una rienda atrapa la mano de Cimarrón en mitad del río. Con el machete corto la rienda liberándolo, Ottawa ya nos sigue, y conseguimos alcanzar la otra orilla sin problema. Después de las anteriores experiencias, esto ha sido “ pecata minuta “. La pista sigue sin ninguna perdida hasta Oix. En Oix los pantalones, hace un buen sol, se me han secado, y en la plaza del pueblo me cambio los calcetines. Repongo fuerzas en un hostal donde me reencuentro con un viejo conocido de Serinyà. He tenido suerte el me indica donde pernoctar en Beget, y me señala el camino más corto para llegar a Beget. Al cabo de unas 3 horas ya estoy llegando a Beget. En este día empiezo a disfrutar de los paisajes, y no preocuparme mucho de cuando o a donde llego. He descubierto que yo mismo me creo ansias por llegar a puntos concretos. No merece la pena. Antes de llegar a mi destino “Les Gavatxes”, me abren las puertas maría y Francisco de Can Cordonet ( Beget), quien me invita a una buena butifarra y a un buen vino. Ha sido de la gente más entrañable que he conocido. Estuvimos más de una hora hablando, ellos explicando como han tenido que vender todos sus animales y sobre el problema de la emigración de los jóvenes hacia las capitales, y yo de mi proyecto. María tiene una mente abierta y comprensiva, que me deja asombrado. Desbordan cariño y amistad por todos costados.
Pero debo ya dejar los caballos a descansar. Llego a mi destino, un prado y una pequeña cabaña serán mi nuevo hogar por un día.