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2ª Etapa
11 de Mayo del 2004

Hoy he decidido que es el momento de volver a salir a la montaña con Cimarrón y Ottawa, para empezar a calentar motores cara a la semana siguiente.

Me levanto bien temprano, disfruto fumando un cigarrillo y contemplando el paisaje todo nevado desde mi humilde, pero confortable morada. Me estoy acostumbrando a vivir sin grandes lujos, ni pretensiones, y me está gustando, porque entonces cualquier pequeña historia la saboreo y la disfruto al cien por cien.

Así pues, después de 15 días sin ensillar a Cimarrón, preparo la montura, ato a Ottawa, pero sin carga, y emprendemos viaje hacia Alp para visitar al alcalde.
Hace viento y mucho frío, parece invierno.

Es curioso, hoy, como otros días repasado los cascos tanto de Cimarrón como de Ottawa, y las herraduras están en perfecto estado. Cuando empecé la ruta creía que esta sería una más de las dificultades del día a día. Toco madera, excepto una herradura que le salió un poco de un pie de Ottawa y que yo pude solucionar con mi Kit de herrar, nunca más ha pasado nada. Toco madera.

Una vez montado con Cimarrón, y Ottawa de arriata y como no Lua ladrando de alegría, me siento libre y dueño del mundo. Es una sensación que me es difícil de describir pero que es sensacional. Voy a un buen ritmo y Ottawa me demuestra que está en plena forma. Ya no es aquella vieja mula que parecía que no aguantaría. Ha ganado muchos kilos en su estancia en la hípica Prats. Cimarrón sigue fuerte como un roble y Lua sigue incansable.

Llego a Alp, aparco los animales delante una granja/bar ( se me hace difícil decir granja como un establecimiento de servir comida y bebida, ya que a los largo de los 300 Kms solo he conocido granjas de animales). Mi historia es bien extraña, ya que vivo de una forma diferente a mucha gente, pero también aprovecho las comodidades, siempre que pueda hacerlo, de la vida llamada “normal”. Pero sin quererlo, ni proponérmelo, estoy consiguiendo el objetivo de este proyecto, compaginar una vida salvaje y libre con mi profesión de comercial. Tengo que decir que la presencia de Ottawa me está dando mucha entrada a clientes nuevos, es el mejor reclamo.

Llego al ayuntamiento, el grupo de Acacym causa sensación, y sobretodo Ottwa, la gente mayor de todos los pueblos por los cuales he pasado me felicitan por volver a recuperar un antiguo medio de transporte como es la mula y el caballo, y Lua también crea mucha expectación por su comportamiento innato y natural con Cimarrón y Ottawa.

El alcalde no está. Ha Cimarrón le he cargado las alforjas para poder comprar comestibles en el Caprabo de Alp. Llego al supermercado y “aparco” los animales junto donde están los carritos de compra, delante tienen todo de buena hierba que Caprabo no se ha preocupado de cortar. Este hecho llama mucho la atención a los clientes de este establecimiento, y algunos extranjeros nos hacen fotos.

Antes de volver al ayuntamiento, para en el restaurant Alpi y tomo una cerveza con Lourdes y Alex, que como siempre me reciben con los brazos abiertos. Es increíble el cariño que esta pareja transmite. Los conozco hace poco pero para mi es como si fuera años.

La visita con el alcalde no se puede efectuar debido a las constantes reuniones que tiene que atender. No me preocupa, mi objetivo hoy era volver a cabalgar con mi “familia”.

De regreso hago una prueba, a medio camino dejo ir de la cuerda a Ottawa para ver si y ha adquirido el hábito de seguirme sin necesidad de llevarla yo siempre de la mano. Je,je, que ingenuo que soy aún, tal como la suelto se da media vuelta de regreso a Alp, no le interesa para nada ir conmigo. Aprieto piernas y salgo a galope tendido con Cimarrón, y después de perder la gorra, ordeno a Cimarrón cambios de mano rápidos para cortar el camino de Ottawa, mientras Lua está enfrente de la mula trabajando para detenerla. Por fin recupero su cuerda. Me fijo en el campo que he perdido la gorra.

Dejo a Ottawa y Lua en la hípica, y a galope me voy a buscar mi gorra. Disfruto con mi caballo galopando por este magnífico paisaje de La Cerdanya. La apatía ha desaparecido y regresa la ilusión de volver a emprender el viaje.

 
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